JAPY FRÈRES

Su Produccion Genre Espagne

El Imperio Japy: dos siglos de innovación y tradición relojera

Beaucourt, pequeña localidad situada cerca de Belfort, ocupa un lugar destacado en la historia de la relojería. Todo comenzó con Frédéric Japy, nacido en 1749. Tras completar su aprendizaje como relojero en La Chaux-de-Fonds, fundó en 1777, en su localidad natal de Beaucourt, una manufactura dedicada a la producción de ébauches para relojes de bolsillo.

La manufactura fue pasto de las llamas el 1 de julio de 1815, incendiada por tropas aliadas austrohúngaras. Este acto de destrucción, motivado por las rivalidades internacionales, arrasó una de las fábricas más importantes de Europa y causó pérdidas estimadas en dos millones de francos. A pesar de esta tragedia, el legado de Japy perduró, demostrando la capacidad de recuperación de su imperio industrial.

Reloj de bolsillo «Gauloise» de Japy Frères, hacia 1890 Reloj de bolsillo excepcional con caja saboneta de tres tapas de plata 0,800, decorada en las tapas exteriores con un refinado trabajo de cincelado y grabado a buril realizado a mano. El movimiento ilustra la célebre producción industrial en serie de Japy en Beaucourt: un calibre robusto, sin segundero, equipado con escape de cilindro de 6 rubíes y un balance monometálico simple. El puente, de construcción particularmente robusta, lleva estampada la marca de fábrica «Gauloise», flanqueada por la característica rueda de trinquete con dentado de lobo. La esfera de estilo «genre Espagne», ricamente ornamentada y con números romanos, incorpora manecillas trabajadas. La cuvette interior dorada lleva grabada la inscripción «Cylindre 6 Rubis - Remontoir - JOSE GACHE à Gibraltar», que documenta un encargo personalizado para la célebre casa del relojero gibraltareño José Gache, cuyo establecimiento histórico, dirigido posteriormente por sus descendientes, mantiene todavía hoy esta tradición. Colección del autor.

En sí, esto no tenía nada de excepcional, ya que desde comienzos del siglo XVIII la división del trabajo dominaba la fabricación de relojes. Los talleres organizados en forma de manufacturas preparaban los movimientos en bruto, cuya terminación quedaba posteriormente a cargo de maestros relojeros independientes. De este modo, la producción de piezas en grandes volúmenes podía racionalizarse. La fabricación de las ébauches seguía dependiendo de artesanos cualificados, mientras que el uso de maquinaria era todavía muy limitado.

Frédéric Japy organizó la producción de una manera completamente nueva. Compró a Jean-Jacques Jeanneret-Gris un conjunto completo de máquinas destinadas a la fabricación industrial de ébauches, y más concretamente de sus distintos componentes. Resulta interesante conocer el motivo por el que Jeanneret-Gris vendió estas máquinas: al parecer, tenía problemas con sus trabajadores, que no estaban dispuestos a trabajar con estos nuevos equipos y dispositivos.

Frédéric Japy tenía precisamente una estrategia muy clara para conseguir una actitud favorable por parte de sus trabajadores y trabajadoras. Como protestante convencido, mantenía una determinada concepción de las relaciones laborales y sociales: «Quiero que mis obreros formen conmigo y con los míos una sola familia. Mis obreros deben ser mis hijos y, al mismo tiempo, mis colaboradores». Nos encontramos en vísperas de la Revolución francesa.

En consecuencia, la organización de la fábrica Japy no se limitaba a la jornada laboral, sino que abarcaba todos los aspectos de la vida de sus empleados. Por ejemplo, los obreros y las obreras comían por separado, bajo la supervisión de Frédéric Japy y de su esposa, respectivamente. Los domingos se celebraban lecturas bíblicas dirigidas por el propio patrón y, durante los días laborables, este impartía breves conferencias sobre cuestiones relacionadas con el trabajo. Además de la actividad fabril, también se practicaba cierta actividad agrícola. Incluso la adquisición de ropa y otros bienes se realizaba de forma centralizada, de modo que los trabajadores quedaban atendidos en prácticamente todos los aspectos de su vida cotidiana.

Métodos de fabricación revolucionarios

En este entorno, aparentemente idílico, tuvo lugar una auténtica revolución. La fabricación de los movimientos de relojería fue reorganizada por completo gracias al empleo de máquinas. Las distintas operaciones se simplificaron hasta tal punto que «las mujeres, las personas de edad e incluso los ciegos podían fabricar los distintos componentes de los movimientos accionando una simple palanca manual».

«La Gauloise»: marca de fábrica de Japy Frères & Cie.

El método consistía en dividir las distintas fases del trabajo, de modo que cada operario solo tuviera que ejecutar un movimiento o una operación determinada. De este modo, alrededor de 150 personas intervenían en la fabricación de un solo ébauche. Además, la fabricación de los componentes se llevó más lejos que en la producción tradicional. Solo el escape permanecía en bruto; todas las demás piezas mecánicas eran completamente mecanizadas

Estos últimos se encontraron al borde de la ruina y, en 1801, llegaron incluso a exigir la destrucción de la fábrica Japy para evitar la desaparición de su oficio. La petición no prosperó, ni siquiera en la Francia revolucionaria, porque, como señala el texto, la razón suele acabar del lado de quienes triunfan. Y Frédéric Japy era uno de ellos. Además, pese a su fe protestante, no tuvo problemas con la República; para él, las ventajas económicas de la libre circulación de mercancías pesaban más.

Las cifras de producción aumentaron de forma espectacular. En 1780, la empresa fabricaba cerca de 30.000 movimientos con tan solo 50 empleados; en 1806, con 500 trabajadores y trabajadoras, ya superaba los 150.000. Este crecimiento provocó también una drástica reducción de los precios: Japy podía suministrar sus productos por un tercio del precio de otros fabricantes.

En 1860, este centro industrial empleaba cerca de 6.000 trabajadores, de los cuales aproximadamente un tercio se dedicaba a la relojería. La producción anual alcanzaba entonces más de 50.000 movimientos para relojes de péndulo y 640.000 ébauches para relojes de bolsillo.

El nacimiento de un imperio

Con su fábrica de relojería, Frédéric Japy sentó las bases de un vasto imperio industrial. Tuvo dieciséis hijos y, en 1806, tres de ellos asumieron inicialmente la dirección de la empresa. Manteniéndose todavía plenamente dentro de la mentalidad económica anterior a la Revolución, la empresa era considerada un patrimonio familiar destinado a servir a todos los herederos de la dinastía.

Con el tiempo, un número cada vez mayor de miembros de la familia se incorporó a la dirección de la empresa y de sus distintas filiales. La producción se diversificó progresivamente: además de las ébauches para relojes de bolsillo, pronto comenzaron a fabricarse movimientos para relojería de gran tamaño —relojes de pared y de sobremesa—, tornillos, artículos esmaltados, artículos de ferretería de todo tipo, etc.

El conglomerado empresarial prosperó considerablemente durante sus primeros años, pero precisamente por ello sufrió una falta crónica de liquidez, ya que estaba financiado íntegramente por la familia. Los descendientes, cada vez más numerosos, querían beneficiarse de la herencia, mientras que unos métodos de fabricación cada vez más intensivos en capital exigían inversiones continuas.

Costes de fabricación y precios de venta de «Japy Frères» en 1860.

En la década de 1860, y paralelamente a este desarrollo industrial, el compromiso social con los trabajadores adquirió una dimensión institucional. La Société Immobilière de Beaucourt, creada por iniciativa de Japy frères et Cᵉ, con un capital elevado hasta 200.000 francos, dividido en acciones nominativas de 100 francos, tenía como finalidad construir viviendas individuales para los obreros. Estas viviendas, cuyo coste rondaba los 2.000 francos, disponían de tres habitaciones, una cocina en la planta baja, dos estancias abuhardilladas, una bodega y un jardín.

La sociedad actuaba además como caja de ahorro para los trabajadores, permitiéndoles adquirir progresivamente su vivienda mediante sus ahorros o mediante un sistema de alquiler con pagos escalonados, al tiempo que les garantizaba un interés anual del 5 %. De este modo, la casa Japy prolongaba el paternalismo social iniciado por Frédéric Japy, orientado a vincular de forma duradera a las familias obreras con la empresa.

 
Publicidad de Japy Frères & Cie. de 1911, en la que aparecen las marcas «Gauloise» y «La Vigilante», esta última creada especialmente para el mercado hispanohablante.

Mientras otros grandes empresarios franceses de generaciones posteriores aprovecharon desde el principio las posibilidades de financiación que ofrecían los mercados financieros —mediante la creación de sociedades anónimas, la emisión de obligaciones, etc.—, el imperio Japy mantuvo la antigua estructura de empresa familiar.

Por esta razón, no pudo seguir el ritmo del vertiginoso desarrollo industrial. Hacia 1870, el grupo ya había dejado atrás su época de mayor esplendor.

Si a comienzos del siglo XIX la principal actividad de la empresa era la fabricación de movimientos para relojes de bolsillo de alto valor añadido, con el tiempo sus principales fuentes de actividad pasaron a ser sectores comerciales cada vez menos rentables: la fabricación de utensilios esmaltados económicos destinados a los hogares modestos y de relojes de pared y de sobremesa de bajo coste, realizados en chapa de metal.

Era necesario, por tanto, procesar cantidades cada vez mayores de materia prima para obtener el mismo beneficio. Aunque las instalaciones industriales adquirían dimensiones cada vez mayores, la rentabilidad disminuía.

Diferentes fábricas de Japy Frères & Cie., 1902.

Japy Frères & Cie se consolidó como un referente en materia de innovación y calidad, obteniendo reconocimiento en las Exposiciones Universales de París de 1867, 1878 y 1889, así como el Gran Premio en la Exposición Franco-Británica de Londres de 1908. Además, su excelencia fue reconocida al ser designada miembro fuera de concurso del jurado de la Exposición de Nancy de 1909, consolidando su reputación como uno de los principales fabricantes de relojes, objetos de bronce y soluciones técnicas avanzadas.

La familia Japy, gracias a una hábil política matrimonial, disfrutaba de un acceso privilegiado a los círculos de poder de París. Numerosos miembros de la familia también participaron activamente en la política regional y nacional. Esta posición les permitió obtener temporalmente importantes y lucrativos contratos gubernamentales, como ocurrió durante la Primera Guerra Mundial, cuando suministraron al ejército francés más de tres millones de cascos de acero.

Salida de los obreros de las fábricas de Japy Frères & Cie. en Beaucourt (Alto Rin), hacia 1902.

La evolución de la empresa en el siglo XX

Después de la Primera Guerra Mundial, la evolución de la empresa continuó, aunque la desfavorable situación de los mercados mundiales terminó haciéndose sentir a finales de la década de 1920. En 1928, la empresa se transformó en una sociedad anónima, lo que permitió la entrada de capitales externos, aunque la gestión permaneció en manos de miembros de la familia.

Las pérdidas continuaron aumentando y las primeras fábricas tuvieron que cerrar. Los bancos, que habían invertido importantes sumas en la empresa, exigieron en 1937 el nombramiento de un director general ajeno a la familia.

Después de la Segunda Guerra Mundial, prosiguió el desmantelamiento del imperio industrial. En 1954, la división dedicada a la fabricación de relojería fue vendida; un año más tarde, el grupo se dividió en cuatro empresas, que posteriormente fueron fusionándose con otras compañías o siendo adquiridas de forma sucesiva.

La principal actividad de la empresa durante estos años fue la fabricación de máquinas de oficina, especialmente máquinas de escribir y calculadoras. Sin embargo, esta división tampoco logró mantenerse a largo plazo. En 1971, fue adquirida por la empresa suiza Hermes-Paillard, y la producción en Beaucourt quedó definitivamente abandonada.

Finalmente, en 1979, fue liquidada Japy-Marne, la última empresa que permanecía en actividad.

Circular black-and-white seal featuring the name Ramón Campos, researcher of 19th-century Swiss watchmaking and early fountain pens.
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