Su Produccion Genre Espagne
Ulysse Nardin: el legado de una dinastía relojera, de la precisión a la innovación
Los orígenes de la dinastía Nardin
La familia Nardin era originaria de la Alta Saona, en Francia, y llegó a Les Brenets en 1774, obteniendo la ciudadanía de Neuchâtel en 1786. El primero en aparecer documentado es el maestro Jean-Léonard Nardin, perteneciente a una familia descrita como formada por «gente de gallarda altivez y de furiosa resolución», poco inclinada a temer a la aventura. Constructor de profesión, estuvo profundamente influido por el entorno relojero que lo rodeaba. Sin embargo, ocupado en la construcción de hornos de pan, cisternas y presas, no pudo dedicarse a la relojería.
Su hijo, Léonard-Frédéric Nardin (1792–1859), establecido en Le Locle, sí siguió la profesión relojera. Tras completar su aprendizaje, se convirtió en un reconocido especialista en la fabricación de repeticiones y sentó las bases de la dinastía de relojeros Nardin, caracterizada por la búsqueda de la calidad y la precisión.
Su hijo, Ulysse Nardin (1823–1876), heredó esta pasión y recibió su formación del que entonces era considerado uno de los mejores relojeros de la región, William Dubois. En 1846, Ulysse fundó la casa que llevaría su nombre y que hoy es conocida internacionalmente. En sus orígenes, se trataba de un sencillo establecimiento dedicado a la terminación de relojes de precisión y mecanismos complicados, cuya calidad contribuiría progresivamente a forjar la reputación de la firma.
La consolidación de una tradición
El hijo del fundador, Paul-David Nardin (1855–1920), dio continuidad a una antigua tradición relojera de Le Locle: la fabricación de cronómetros de marina, siguiendo la estela de maestros como J.-F. Houriet, Jurgensen, Favre-Bulle, Sylvain Mairet, Louis Richard y Henry Grandjean, herederos a su vez de la tradición de los grandes maestros neuchâtelenses Ferdinand Berthoud y Abraham-Louis Breguet.
Pero esta continuidad no se limitó a los propios fabricantes. También destacaron colaboradores como la familia Rosat —Henri Rosat padre, Henri Rosat hijo y Auguste Rosat— y Pierre Béguin, reconocidos como reguladores de precisión y cuya participación aparece regularmente junto a la de los Nardin en las listas de galardonados de los concursos de cronometría.
La casa Nardin ocupa así un lugar singular en la historia relojera suiza por su especialización en la fabricación de instrumentos de precisión destinados a la navegación, cuya exactitud fue perfeccionándose a lo largo de las décadas gracias al trabajo, la capacidad técnica y la búsqueda constante de la perfección por parte de sus constructores y reguladores.
Innovaciones y colaboraciones clave
Paul-David Nardin desempeñó un papel decisivo en la introducción del balance integral de Guillaume, que acabaría convirtiéndose en un elemento de uso generalizado en los cronómetros en los que la precisión era una exigencia fundamental. Su colaboración con el científico Charles-Édouard Guillaume fue especialmente fructífera y estuvo favorecida por la formación que había recibido de Jules Grossmann, quien le inculcó un profundo respeto por la investigación científica. Paul-David también transformó el antiguo taller familiar en una manufactura moderna, incorporando un gabinete técnico, un laboratorio y diversos instrumentos de precisión.
La casa Nardin no se limitó a perfeccionar sus productos relojeros, sino que contribuyó asimismo al desarrollo científico de la industria relojera suiza. Henri Rosat fue durante muchos años inspector federal de las escuelas de relojería y un firme defensor del Laboratorio de Investigaciones Relojeras, mientras que Gaston Nardin ejerció como presidente activo de esta institución en una época en la que todavía era recibida con cierta desconfianza.
Reloj de bolsillo Ulysse Nardin n.º 4624, de 53 mm de diámetro, con repetición de cuartos, hacia 1870. Caja saboneta de oro amarillo de 18k, de tipo «bassine et filets», con carrura acanalada y tapas grabadas con motivos florales y de follaje. Tapa guardapolvo de oro con bisagra, decorada con un borde guilloché y grabada con los detalles técnicos, y contraguardapolvo con cristal montado en un cerco de oro y articulado mediante bisagra. Esfera plateada «genre Espagne». El centro de la composición está ocupado por pequeñas formas doradas de distintos tonos y texturas, embutidas mediante estampación y configuradas en microrrelieve, que componen un motivo floral destacado sobre un fondo plateado finamente grabado y punteado a buril. El círculo horario está compuesto por números romanos trazados con un compuesto de negro de humo, y los espacios entre las cifras están ornamentados con motivos grabados a buril. Pequeñas perlas cóncavas obtenidas por estampación, dispuestas sobre las horas, marcan los minutos. El perímetro está ornamentado con una guirnalda floral formada por elementos dorados de distintas texturas, igualmente configurados en microrrelieve, que complementa el motivo central. El pequeño segundero, con los números pintados a mano, presenta un guilloché de estrella. Unas agujas de estilo «poire Stuart», de acero azul, completan la pieza. Movimiento de 19 líneas, rodiado y con 23 rubíes. El remontaje se realiza mediante la corona y la puesta en hora se acciona en combinación con la palanca situada en el bisel, a las 4 horas. Está dotado de una rueda de trinquete con dentado de lobo, que asegura una transmisión fluida y robusta. Escape de áncora en línea recta con paletas de rubí, balance bimetálico de compensación térmica construido en forma de aro discontinuo de dos brazos, espiral Breguet de acero azul y regulador de raqueta con índice. Repetición sobre timbre, accionada mediante un pestillo situado en la carrura, hacia las 6 horas.
El papel del regulador-ajustador de precisión
Un reloj bien construido no garantiza por sí solo un funcionamiento óptimo: es necesario realizar un ajuste de precisión, tarea que corresponde al regulador de precisión. Para una casa que participaba en los concursos de cronometría de Neuchâtel, Ginebra, Teddington, Hamburgo y Washington, así como en las Exposiciones Universales, el regulador constituía un colaborador esencial. Entre los más destacados de la casa Ulysse Nardin se encontraban Henri Rosat padre, Paul-David Nardin, Henri Rosat hijo, Henri Gerber, Ernest Nardin, Auguste Rosat y Louis Augsburger.
El éxito de la casa Nardin fue fruto del esfuerzo conjunto de directores, técnicos, reguladores de precisión, obreros y trabajadoras. Sus fundadores supieron dotarla de un carácter casi familiar, reconociendo que el trabajador no era una máquina: su salud, su motivación y su sentimiento de pertenencia constituían prioridades. Esta visión, arraigada en valores religiosos, convirtió a los Nardin en pioneros en el ámbito social. Paul-David, por ejemplo, abordó el problema del alcoholismo, instauró la semana inglesa y creó una caja de pensiones autónoma para empleados y obreros.
Paul-David Nardin: innovación y legado
Nacido en Le Locle el 3 de noviembre de 1855, Paul-David heredó el talento de su padre, Ulysse Nardin, uno de los más destacados especialistas en la fabricación de relojes de precisión. Junto a Henri Rosat padre, su visitador experto, produjo piezas de gran calidad en el pequeño establecimiento familiar, especializándose en la cronometría de marina. Mientras otros relojeros como Frédéric-Louis Favre, Sylvain Mairet, Louis-Jean Richard y Henry Grandjean se dedicaban a la creación de piezas únicas, Ulysse Nardin supo vislumbrar la posibilidad de desarrollar una verdadera industria del cronómetro de marina, y fue Paul-David quien hizo realidad ese proyecto.
A los 20 años, Paul-David ya regulaba cronómetros de Sylvain Mairet, obteniendo los primeros premios en los concursos de los observatorios de Neuchâtel y Hamburgo. Tras la prematura muerte de su padre, asumió la dirección de la empresa y logró consolidar su desarrollo. En 1877, se asoció con Henri Rosat hijo, con quien mantuvo durante 44 años una estrecha colaboración marcada por la innovación y la amistad.
Avances técnicos
Paul-David Nardin no se limitó a reproducir modelos existentes, sino que buscó constantemente perfeccionar la relojería. En 1885, simplificó el cronómetro registrador, generalizando su utilización en el ámbito científico. Basándose en la teoría de las curvas terminales de Philipps, que había aprendido de Grossmann, ajustó el isocronismo sin deformar las curvas, mediante finas clavijas destinadas a limitar el juego de la lámina del espiral. Posteriormente, un dispositivo ideado por Henri Rosat permitió ajustar con precisión esta condición esencial.
En 1899, tras conocer el balance integral de compensación de Charles-Édouard Guillaume, fabricado en acero-níquel y latón, Paul-David lo adoptó inmediatamente, calificándolo como el mayor avance logrado hasta entonces en cronometría. Esta invención permitía resolver un problema histórico: la corrección del error secundario. En 1900, un cronómetro Nardin n.º 65, equipado con este balance, fue presentado en el Congreso de Cronometría de París, celebrado con motivo de la Exposición Universal, reduciendo el error secundario de −1,9 s a −0,3 s y despertando la admiración de la comunidad científica.
Expansión y reconocimiento
Bajo su dirección, la producción de cronómetros de marina adquirió una importancia considerable y alcanzó una reputación internacional. Paul-David también exploró las posibilidades de la cronometría de marina en pequeño formato, que fue rápidamente adoptada por las marinas de guerra y los científicos. Los cronómetros de a bordo, con o sin registro eléctrico, se convirtieron en instrumentos esenciales para navegantes e investigadores.
Para responder a la creciente demanda, amplió su equipo y desarrolló la fabricación de relojes sencillos y cronógrafos, multiplicando la capacidad productiva de sus talleres. La marca Nardin combinaba un diseño equilibrado con una construcción técnica sólida. Entre sus colaboradores más importantes se encontraban sus hijos, que recibieron una excelente formación, así como Georges Rahm, representante comercial que extendió la presencia de la marca por Europa y otros mercados.
Pruebas y precisión
En 1868, Ulysse Nardin participó en el concurso del Observatorio de Neuchâtel con dos cronómetros de áncora, dotados de espiral plano y curva terminal de Philips, sin caracol, cuyas variaciones de marcha fueron tan reducidas que el director del observatorio, el Dr. Ad. Hirsch, los describió como:
«Verdaderos guardatiempos que prestarían servicio incluso a los astrónomos y navegantes».
El cronómetro de marina típico, alojado en un estuche de caoba y mantenido en posición horizontal mediante una suspensión cardánica, tenía 95 mm de diámetro —correspondientes al movimiento— y 60 mm de altura. Su reglaje, centrado en el equilibrado y la compensación del balance una vez colocado el espiral, constituía la fase más delicada para satisfacer las exigencias de las marinas de guerra. Para demostrar su precisión, estos instrumentos eran sometidos en el Observatorio de Neuchâtel a rigurosas pruebas de temperatura durante 63 días, alternando entre 36 °C, 4 °C y nuevamente 36 °C, durante las cuales se evaluaban:
- Los desvíos medios de marcha diarios.
- El coeficiente térmico.
- El error de proporcionalidad.
- La reanudación de la marcha.
Ulysse Nardin: una dinastía consagrada por los premios y la precisión
A lo largo de las décadas, la casa Ulysse Nardin acumuló una impresionante colección de distinciones. Ya desde 1846, sus cronómetros de marina obtuvieron medallas de oro y certificados de precisión en los concursos del Observatorio de Neuchâtel. En 1862, la firma fue galardonada con la Prize Medal en la Exposición Internacional de Londres por sus relojes complicados y cronómetros de bolsillo. En 1876, obtuvo el Único Premio de Honor con medalla de oro en el Concurso Internacional de Reglaje de Ginebra, un reconocimiento excepcional por sus cronómetros de marina y de bolsillo. En 1889 y 1900, recibió el Gran Premio en París, y en 1893 fue también premiada en la Exposición Universal de Chicago.
Sus creaciones acumularon 201 premios en los Observatorios de Neuchâtel y Ginebra por los mejores resultados de marcha de los cronómetros, además de 4.324 certificados, 2.411 premios especiales y 18 medallas de oro obtenidos hasta 1975. Estas distinciones reflejan la extraordinaria trayectoria de la casa en el ámbito de la cronometría.
Legado y continuidad
Paul-David Nardin rodeó su empresa de un equipo de primer nivel. Tanto su personal directivo como sus talleres, organizados de acuerdo con sus principios, contribuyeron a mantener el prestigio de la casa. Sus hijos y colaboradores como Georges Rahm aseguraron la continuidad de su obra y extendieron su influencia a escala internacional.
La casa Nardin demostró que el arte y la precisión podían ponerse al servicio de la cronometría de marina, en beneficio no solo de las marinas de guerra, sino también de los institutos científicos que necesitaban disponer de una medición del tiempo cuya exactitud estuviera certificada por los observatorios. Como señalaba un periódico ginebrino en 1790:
«Sin un buen Observatorio, el relojero se encuentra en la absoluta imposibilidad de estudiar, comparar y regular con exactitud la marcha de sus relojes y cronómetros».
Una nueva etapa de innovación
Durante el último siglo, Ulysse Nardin continuó ampliando los límites de la relojería. Tras encontrarse al borde de la quiebra en 1978 y ser adquirida por Ogival de Le Locle en 1979, la marca fue relanzada en 1983 por Rolf W. Schnyder, junto con un grupo de inversores entre los que se encontraba el célebre relojero y científico Dr. Ludwig Oechslin, dando comienzo a una nueva etapa de desarrollo.
Bajo su impulso, la manufactura introdujo importantes innovaciones, entre ellas modelos emblemáticos como el Freak (2001), el primer reloj de la casa concebido sin corona ni agujas tradicionales, y fue pionera en la utilización de componentes de silicio gracias a su colaboración con Sigatec, fundada en 2006.
Desde 2014, integrada en el grupo Kering, y bajo la dirección de Patrick Pruniaux a partir de 2017, Ulysse Nardin amplió su colección Freak con modelos como el Freak X, Freak ONE y Freak S, al tiempo que preservaba su tradición artesanal y su espíritu innovador. Desde 2022, la marca pertenece al Sowind Group SA, tras una adquisición llevada a cabo por su propia dirección.
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Del genio de la mecánica a los cimientos de una gran manufactura
Juventud y formación (1803–1829)
Charles-Antoine LeCoultre (1803–1881) comenzó muy joven fabricando encaje a mano, una actividad que desaparecería de la región con el paso del tiempo. Posteriormente se dedicó a fabricar cuchillos para sus compañeros de escuela, actividad que lo llevaría más tarde, junto con su padre Jacques, a fabricar los primeros afeitadores LeCoultre, instrumentos que, gracias a su tratamiento térmico especial, alcanzarían posteriormente una reputación casi universal.
Entre 1819 y 1825, Antoine trabajó junto a su padre en la fabricación de los teclados de las cajas de música destinadas a sus tíos de Ginebra, aunque también producía estos componentes por cuenta propia. En 1825, colaboraba asimismo en la fabricación de cajas de música dirigida por sus tíos y poseía una especial habilidad para conseguir que los teclados que fabricaba funcionaran con particular precisión.
Aunque sus padres no eran relojeros, sus aptitudes naturales lo orientaron hacia la relojería y, en 1827, fabricó el primer piñón tallado a partir de acero macizo y elaboró la primera fresa capaz de conferir a los dientes de los piñones un perfil regular, una operación que hasta entonces se realizaba manualmente y con resultados muy imperfectos.
En agosto de 1828, abandonó el Valle para trasladarse a Ginebra, con la intención de aprender el oficio de relojero, quedando inscrito en el registro de extranjeros de la ciudad el 7 de agosto de 1828. En la Escuela de Relojería de Ginebra, siguió cursos de dibujo, matemáticas, física y química, al tiempo que se interesaba especialmente por los engranajes y los escapes. Entró a trabajar en el establecimiento de su tío François LeCoultre, donde trabajó junto a su primo Adolphe Nicole, establecido en Londres. Antoine renovó en cinco ocasiones su permiso de residencia en Ginebra.
Regreso al Valle e inicio de su carrera (1829–1841)
Antoine LeCoultre fue el fundador de la gran empresa LeCoultre de Le Sentier. Hombre de gran talento, apasionado por la mecánica, fue un inventor ingenioso y perseverante.
De regreso al Valle en 1829, compaginó sus trabajos de relojería con la fabricación de cuchillos y afeitadores, así como con diversos trabajos relojeros de plantado, acabado y dorado de balances.
En 1830, tuvo que asociarse con su padre, probablemente por razones de tesorería, y la razón social pasó a ser «Jacques David LeCoultre et Fils». En 1831, contrajo matrimonio con Julie Zélie Golay y, en 1833, debido a diferencias de criterio sobre el equipamiento del taller, se disolvió la asociación con su padre. Antoine se instaló entonces en el primer piso de la antigua casa de los LeCoultre, donde comenzó a fabricar piñones, mientras que los afeitadores permanecieron en la planta baja.
Además de los piñones, su producción evolucionó hacia otros componentes del reloj, con el objetivo de llegar a suministrar movimientos en blanco. También diversificó su actividad y, en 1837, desarrolló una lupa de oficial destinada a medir distancias. Ese mismo año, junto con su hermano Ulysse, heredó las tierras de su tío Henri Joseph. Dos años más tarde, Antoine construyó un edificio destinado a albergar su taller, la casa construida por Antoine LeCoultre en La Golisse.
Durante muchos años fue proveedor de piñones de los primeros fabricantes franceses de cronómetros de marina. Sin embargo, esta actividad todavía no constituía la meta de su ambición industrial y, aunque le había valido importantes distinciones en varias Exposiciones Universales, la cedió a su hermano para concentrarse en el desarrollo de movimientos en blanco (ébauche) fabricados mecánicamente.
Asociación con Ulysse e innovaciones (1842–1849)
Entre 1842 y 1849, trabajó bajo la razón social «Antoine LeCoultre et Frère». La prosperidad de sus negocios permitió a Antoine dedicarse al perfeccionamiento de sus herramientas y equipos. En 1844, construyó con sus propias manos el «millionomètre», primer instrumento del mundo capaz de medir la milésima de milímetro, es decir, el micrón.
Investigador incansable, dotado de una extraordinaria perseverancia y ajeno al desaliento, encontraba constantemente nuevos medios para trabajar con mayor rapidez y precisión. Aunque no había cursado estudios especializados, poseía aptitudes realmente notables para la mecánica y, después de pasar largas noches dedicado a inventar una nueva máquina o herramienta, la construía con sus propias manos. Sus esfuerzos dieron fruto y, en 1847, ya suministraba movimientos equipados con un sistema de remontaje de su invención, que, tras experimentar algunas modificaciones, continúa siendo ampliamente utilizado en la actualidad.
Separación de Ulysse y desarrollo industrial (1849–1865)
Tras separarse de su hermano Ulysse, y una vez que había dominado la fabricación de afeitadores, teclados para cajas de música, piñones y otros componentes, desarrolló una amplia gama de calibres suministrados en blanco. En la Exposición Universal de Londres de 1851, obtuvo el reconocimiento con una medalla de oro. A esta distinción le siguieron, entre otras, una medalla de bronce en París en 1867, dos medallas de oro —una en la Exposición Universal de París de 1889 y otra en la Exposición Nacional Suiza de Ginebra de 1896—, así como su incorporación como miembro del jurado, fuera de concurso, en París en 1900.
Desde 1850, había establecido relaciones comerciales con un tal Jean Gallay, en Ginebra. En 1853, este contrajo matrimonio con la hija de Antoine y ambos formalizaron un contrato de asociación: Jean Gallay como vendedor y Antoine como fabricante. Diez meses después de establecerse esta asociación, Antoine ya tenía más de un tercio de su balance inmovilizado en Ginebra. A continuación surgieron conflictos familiares que terminaron ante los tribunales. La mercancía depositada en consignación en Ginebra regresó en mal estado, ocasionando a Antoine importantes pérdidas económicas.
Completamente abatido, Antoine recibió el apoyo de su hijo Élie, quien, a pesar de tener solo 16 años, consiguió evitar que su padre tuviera que declararse en quiebra. Con la ayuda de su cuñado Gaspar Golay, fue satisfaciendo progresivamente a los acreedores y reembolsando los pagarés firmados por Jean Gallay. La lectura de los inventarios revela que Antoine alojaba y alimentaba a los trabajadores de su empresa. A los 57 años, Antoine LeCoultre se vio obligado a comprometer todos sus bienes, hasta su propio reloj de oro, para evitar la deshonra.
Bajo su dirección, y gracias a las herramientas y máquinas que él mismo había construido, la fabricación de relojes de remontaje mediante corona adquirió tal importancia en su establecimiento que tuvo que ampliar los talleres y adquirir un motor de vapor en 1865.
Expansión y modernización (1866–1881)
Acuciado por las dificultades económicas y por la situación de la empresa, y siguiendo los consejos de su sobrino David Borloz, Antoine se reunió con el director de las forjas de Vallorbe. Este le propuso constituir una sociedad anónima y sugirió incorporar como socio a su sobrino Auguste Borgeaud, para hacerse cargo de la parte comercial. Finalmente, se constituyó una sociedad en comandita, integrada además por otros seis accionistas, bajo la razón social «LeCoultre Borgeaud & Cie».
Desde 1866, se decidió reunir bajo un mismo techo todas las etapas de fabricación de un reloj, desde el corte inicial hasta el grabado y el esmaltado final. Durante los primeros años, las ventas progresaron, lo que incrementó las necesidades de capital circulante, mientras que los beneficios apenas bastaban para cubrir los intereses.
En 1870, se fabricaron mecánicamente los primeros calibres con repetición y cronógrafo; en 1871, se desarrolló un nuevo mecanismo de remontaje. A raíz de una crisis provocada por Borgeaud, Élie elaboró el proyecto de trasladar de nuevo las máquinas al Valle. En un tiempo récord, acondicionaron el edificio rural anexo a la fábrica, abriendo 70 ventanas, y equiparon los talleres con una máquina de vapor de 3 o 4 CV y sus correspondientes sistemas de transmisión.
En 1877, Auguste Borgeaud, afectado en su salud a consecuencia de una caída de caballo, abandonó a sus socios para regresar a Ginebra. Antoine, propietario de los edificios, se retiró a los 74 años. Sus tres hijos, Benjamin, Élie y Paul, heredaron un sólido aparato productivo que les permitiría hacer frente a la crisis mediante la creación de nuevos calibres.
Legado y últimos años (1881–1899)
El 26 de abril de 1881, Antoine LeCoultre falleció a la edad de 78 años y 10 días. En 1883, mucho antes de la electrificación de las ciudades, la Manufactura introdujo la iluminación eléctrica en sus talleres. Entre 1877 y 1887, las ventas pasaron de 160.000 a 354.000 francos, mientras que las deudas se redujeron de 323.000 a 190.000 francos.
En 1890, la Manufactura fabricaba 156 calibres —125 calibres sencillos y 31 de los calibres más complicados— y contaba con alrededor de 500 empleados.
En 1897, el hijo de Élie, Jacques-David III LeCoultre, se incorporó a la fábrica como simple obrero. En 1899, la entrada de Jacques-David marcó una nueva etapa.
Papel político y contribución social
Ch.-Ant. LeCoultre desempeñó también un cierto papel como hombre de política: entre 1852 y 1858, formó parte del Gran Consejo, y durante aproximadamente cuarenta años perteneció al Consejo Municipal de Le Chenit.
La prosperidad del Valle debe mucho a la iniciativa de este trabajador incansable. Al suministrar desde muy pronto piñones de excelente calidad a los fabricantes de relojería de la región, contribuyó en gran medida a establecer la superioridad de sus productos. Además, muchos de los pequeños recursos y dispositivos mecánicos que desarrolló pasaron a manos de los trabajadores del Valle, proporcionándoles una ventaja notable frente a quienes continuaban trabajando con los métodos tradicionales.
La alianza histórica con Jaeger y el legado de Jaeger-LeCoultre
En 1903, el encuentro entre la Manufactura LeCoultre y el parisino Edmond Jaeger, especialista en movimientos ultrafinos, marcó un punto de inflexión decisivo. Jaeger, impresionado por la precisión de los calibres LeCoultre, propuso una colaboración destinada a unir la experiencia suiza en mecánica de alta precisión con la innovación francesa. Así nació Jaeger-LeCoultre, una unión que impulsó a la marca hasta convertirse en una referencia de la alta relojería.
Esta alianza permitió desarrollar complicaciones relojeras innovadoras, como el calibre 145 (1907), considerado entonces el movimiento más plano del mundo, y sentó las bases de iconos de la relojería como el Reverso (1931), un reloj de caja reversible que se convertiría en un símbolo de elegancia y robustez.
En la actualidad, Jaeger-LeCoultre, integrada en el grupo Richemont, mantiene este legado. Su histórica manufactura de Le Sentier, en el corazón del Valle de Joux, reúne todavía más de 180 oficios bajo un mismo techo, desde el diseño y desarrollo hasta el ensamblaje final. Con más de 1.200 calibres creados desde su fundación, la Manufactura continúa siendo uno de los pilares de la industria relojera, combinando tradición e innovación y manteniendo viva la búsqueda incansable de la precisión y la perfección iniciada por Antoine LeCoultre.