Su Producción Genre Espagne
Alta relojería artesanal de Le Locle
Evocar a Augustin Perret (1810–1900), perteneciente a una estirpe de relojeros e hijo de Gédéon Perret, en el Neuchâtel del siglo XIX, es recordar a una de aquellas figuras emblemáticas de la vieja guardia de la relojería de las montañas suizas. Estos hombres concebían su oficio como un arte absoluto, al tiempo que participaban activamente en la vida cívica, republicana y musical de su comunidad.
De Les Brenets a Le Locle: la formación de un carácter
Nacido en Vauladray, en el municipio de Les Brenets, el 1 de julio de 1810, Augustin Perret vivió allí hasta 1848, año en que un devastador incendio arrasó gran parte de la localidad. Tras esta catástrofe, estableció definitivamente su residencia en Le Locle, donde dividió su tiempo entre sus talleres y la vida pública. En 1877, fue elegido miembro del Consejo General.
Lejos del estereotipo del artesano recluido, «papá Augustin», como se le llamaba afectuosamente en su madurez, fue una figura legendaria:
- La clarineta de Le Locle: Su destreza musical y su inseparable clarineta eran célebres en toda la Suiza francófona.
- El orador republicano: Comprometido desde su juventud con las tensiones políticas y los ideales del partido radical, participaba en las celebraciones del 1 de marzo —fecha simbólica para los republicanos de Neuchâtel— y en las asambleas. Allí destacaba por sus intervenciones humorísticas e incisivas, sin dudar en plantar cara a los «potentados de este mundo».
La excelencia relojera: un taller dedicado a la alta precisión
Después de dominar durante dos décadas el delicado arte del montaje de escapes de áncora, Augustin Perret elevó su saber hacer hasta alcanzar los más altos estándares de la cronometría.
Establecido formalmente como taller de relojería en Le Locle, Perret apostó por la alta precisión y las complicaciones. Sus anuncios, publicados de forma recurrente, buscaban movimientos avanzados o piezas equipadas con un escape de tourbillon, lo que demuestra su compromiso con la excelencia técnica.
Pionero y veterano de los Concursos de los Observatorios
Su excelencia cronométrica quedó grabada en la historia de los observatorios suizos gracias a una trayectoria excepcional que se prolongó durante cuatro décadas:
- En los orígenes de las competiciones: Desde 1862, un cronómetro de su firma (n.º 5862, equipado con un escape de retén) fue registrado con resultados notables en las tablas de variación diurna del concurso del Observatorio.
- Una constancia octogenaria: Perret mantuvo una participación activa de manera sorprendente. Su firma continuó apareciendo en los boletines oficiales y registros de los observatorios a comienzos de los años 1890 y 1891, cuando ya había superado los ochenta años. Sus calibres eran presentados con espirales planas y curvas Phillips, ajustados por el reputado especialista J. Vogel-Jacot.
Maestría técnica: el cronómetro de bolsillo n.º 10.498
Un ejemplo emblemático de su exigencia técnica es el cronómetro de bolsillo firmado «Augustin Perret à Genève n.º 10.498»:
- Estética y caja: Está dotado de una caja maciza de tipo saboneta, ornamentada con grabados y decoración guilloché. La esfera de plata presenta motivos de oro, agujas doradas y detalles de inspiración española.
- Mecánica y protección: Su movimiento de puentes de níquel, provisto de 19 rubíes, carece de caracol. Se distingue por un balance equipado con una espiral cilíndrica de acero azul, así como por un escape de retén pivotado.
Innovación antigalop: Para evitar las perturbaciones causadas por las sacudidas cotidianas —el fenómeno del «galop», que afecta a la oscilación del balance—, este reloj incorpora un ingenioso gancho de acero doblado en ángulo recto, soldado directamente a la primera espira de la espiral cilíndrica. Cuando la amplitud del balance se vuelve excesiva, este gancho actúa como tope de seguridad, entrando en contacto con una clavija vertical situada en el brazo inferior del balance.
El problema del «galop» y la solución de Augustin Perret
Al llevar un cronómetro en el bolsillo, este está expuesto a sacudidas que pueden provocar impulsos positivos o negativos sobre el balance durante su oscilación. Son los impulsos positivos (aceleraciones) los más perjudiciales: pueden hacer que el balance supere su amplitud habitual, alterando así las funciones de desbloqueo e impulso del escape. Esto provoca una serie de choques desordenados y puede hacer que pase un segundo diente, provocando un segundo impulso al final del recorrido del balance.
La solución adoptada por Perret para contrarrestar este fenómeno se basa en un dispositivo antigalop que incluye:
- Un escape de retén pivotado.
- Un gancho soldado a la espiral.
- Un perno con su espacio de seguridad.
- Una clavija de tope en el brazo del balance.
El final de una era
Augustin Perret falleció en enero de 1900, a la respetable edad de 89 años, y sus vecinos lo despidieron como un verdadero montañés. Varios meses después de su muerte, su histórico taller de Le Locle fue oficialmente dado de baja de los registros por falta de continuidad, poniendo fin a la trayectoria de un relojero artesanal irreemplazable. Su legado, sin embargo, permanece vivo a través de sus cronómetros excepcionales, que dejaron su huella en la segunda mitad del siglo XIX en la historia de la relojería suiza.
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PERRET & FILS | PERRET FILS | PERRET FILS SUCESORES DE PERRET FILS | «LA PALME», PERRET FILS SUCESORES DE PERRET FILS
En el corazón de las montañas de Neuchâtel, donde el tiempo parecía detenerse entre bosques y lagos, la saga de los Perret comenzó a forjar su legado a finales del siglo XVIII. Gédéon Perret, nacido en 1778, y su esposa Marie Charlotte Perret-Gentil, nacida en 1785, sentaron las bases de un linaje que, con el paso de las décadas, llegaría a ser sinónimo de excelencia relojera. De su descendencia nació Frédéric-Auguste Perret, en 1815, quien, junto a su esposa Alixe Célina Droz (Busset), nacida en 1816, daría forma a una dinastía que marcaría la historia de Les Brenets.
Frédéric-Auguste, tras completar su aprendizaje y especialización junto a su padre y ejercer como relojero desde 1843, fue un hombre visionario y emprendedor. En 1867, al alcanzar la mayoría de edad su hijo Fritz-Albin (1843–1927), fundó la casa Perret & Fils, dedicada a la fabricación de relojes de bolsillo de alta precisión, con complicaciones mecánicas y escapes perfeccionados. Pero su ambición no se limitaba a los talleres: desde los primeros años, la firma destacó en los concursos de cronómetros de Neuchâtel, donde Perret & Fils se convirtió en un participante habitual y cosechó importantes resultados. En 1868, sus relojes, como el n.º 25.628 (con escape de áncora y remontaje mediante corona), obtuvieron el 11.º puesto, pero esto no había hecho más que empezar. Ese mismo año, el cronómetro n.º 25.627 obtuvo el 12.º puesto, y el n.º 25.111, el 32.º, demostrando una regularidad que pronto los llevaría a los primeros puestos. En 1869, el modelo n.º 26.660 (con escape Philipps y remontaje mediante corona) alcanzó el 10.º puesto, mientras que el n.º 26.359 obtuvo el 9.º, consolidando su reputación entre los principales relojeros de la época.
Desde 1889, Frédéric-Auguste Perret había financiado la construcción de la línea ferroviaria Le Locle–Les Brenets, y la locomotora número 2 fue bautizada en su honor como «Père Frédéric», simbolizando el compromiso financiero y la visión de la familia. Su participación económica no se limitó a este proyecto: también fueron actores clave en la electrificación de la región, al tiempo que apoyaron instituciones locales como la Société du Bateau à vapeur L’Helvétie aux Brenets (fundada en 1875), la Société des Bains aux Brenets (fundada en 1881) y la Compagnie du chemin de fer Régional des Brenets (creada en 1889), de la que Fritz-Albin Perret fue presidente. Estas iniciativas ponen de manifiesto su implicación directa en el progreso y dinamismo de su comunidad.
La era de la consolidación y los premios
Mientras Frédéric-Auguste y su hijo Fritz-Albin dirigían la empresa, los éxitos en los concursos se multiplicaban. En 1871, el cronómetro n.º 31.242 obtuvo el 7.º puesto y, al año siguiente, en 1872, la firma consiguió su primer 1.er premio con el modelo n.º 34.374, un hito que marcaría el comienzo de una serie de victorias. Ese mismo año, el n.º 35.037 (con escape de báscula cilíndrica y caracol) obtuvo el 7.º puesto, el n.º 31.689, el 6.º, mientras que el n.º 36.802 se clasificó también en 7.ª posición. La precisión de sus mecanismos, muchos de ellos ajustados por maestros como Kaurup o Borgstedt, los situaba entre los favoritos de los jurados.
En 1873, el cronómetro n.º 35.592 obtuvo la 8.ª posición y, en 1874, el n.º 39.591 se situó en 9.º lugar, mientras que el n.º 41.161 quedó en 54.ª posición. Pero fue en 1876 cuando Perret & Fils demostró su maestría: el n.º 43.564 se clasificó en 17.ª posición y el n.º 44.069, en 22.ª, ambos ajustados por Kaurup, un nombre que aparecería con frecuencia entre sus éxitos. En 1878, el n.º 41.272 (ajustado por Borgstedt) alcanzó la 22.ª posición, el n.º 47.546 (también ajustado por Kaurup) quedó en 40.ª, mientras que el n.º 47.822 (con escape Breguet y remontaje mediante llave) obtuvo la 27.ª posición. Ese año también presentaron un cronógrafo ajustado por Borgstedt, el n.º 48.118, demostrando su versatilidad.
La transición hacia la segunda generación
Con la llegada de la década de 1880, Fritz-Albin Perret tomó las riendas de la empresa, pero la tradición de excelencia en los concursos no se interrumpió. En 1880, los cronómetros n.os 51.152, 51.999 y 51.108 obtuvieron, respectivamente, la 4.ª, 7.ª y 16.ª posición. En 1882, el n.º 17.027 fue ajustado por el controvertido Paul Perret, de La Chaux-de-Fonds.
En 1889, la firma volvió a destacar: el n.º 58.194, ajustado por Numa Perret & Cie, se clasificó en 63.ª posición, seguido por los n.os 58.196 y 58.197, ambos ajustados por la misma casa. Ese mismo año, el cronómetro n.º 1.969 de Augustin Perret, de Le Locle, también destacó, demostrando que el talento relojero era un legado familiar.
La era de la innovación y el reconocimiento internacional
Bajo la dirección de Fritz-Albin, la empresa no solo mantuvo su prestigio en los concursos, sino que también lo amplió. En 1893, Albin Perret (en Les Brenets) presentó el cronómetro n.º 43.534, y en 1895, los modelos n.os 70.765 (ajustado por U. Wehrli) y 70.227 obtuvieron, respectivamente, la 25.ª y 45.ª posición. En 1897, los n.os 69.135 y 69.823 dieron continuidad a la tradición, mientras que en 1898, los n.os 78.039 (ajustado por Wehrli) y 78.040 (ajustado por J. Vogel-Jacot, de Le Locle) alcanzaron la 13.ª y 19.ª posición.
En 1890, en la Exposición Nacional de Zúrich, presentaron un reloj-joya con forma de ave, realizado en plata, con huevos de perla y granos de alimento de rubí, una pieza que despertó admiración internacional.
De Perret & Fils a Perret Fils (1892)
La retirada de la actividad de Frédéric-Auguste Perret en 1892 impuso la disolución de la sociedad original Perret & Fils. Su hijo, Fritz-Albin Perret, asumió entonces las riendas de la empresa en exclusiva. Al dejar el padre de figurar como socio activo, la legislación suiza impedía conservar el «&», que indicaba la copropiedad, por lo que la empresa adoptó la denominación Perret Fils, preservando así el prestigio acumulado.
De Perret & Fils a Perret Fils (1892)
La retirada de la actividad de Frédéric-Auguste Perret en 1892 impuso la disolución de la sociedad original Perret & Fils. Su hijo, Fritz-Albin Perret, asumió entonces las riendas de la empresa en exclusiva. Al dejar el padre de figurar como socio activo, la legislación suiza impedía conservar el «&», que indicaba la copropiedad, por lo que la empresa adoptó la denominación Perret Fils, preservando así el prestigio acumulado.
La tercera generación y el legado
Frédéric-Auguste Perret falleció en 1897.
Con la llegada de la tercera generación, representada por Louis-Ali Perret (nacido en 1866) y Frédéric Jean Perret (1879–1971), al frente de la empresa, Perret Fils, Sucesores de Perret Fils entró en una nueva etapa de innovación, manteniendo intacto su prestigio, aunque las participaciones en los concursos se fueron espaciando. La familia, además de mantener su excelencia en el ámbito relojero, desempeñó un papel activo en la vida política, social y económica de Les Brenets, contribuyendo de manera significativa al desarrollo de la localidad.
En 1900, recurrieron a la fórmula jurídica «Perret Fils, Sucesores de Perret Fils» para capitalizar más de cincuenta años de premios obtenidos en los concursos de los observatorios y en las exposiciones universales por su padre y su abuelo, al tiempo que mantenían intactos los derechos sobre las patentes y marcas heredadas.
El cambio de siglo trajo consigo una nueva etapa de éxitos. En 1900, los cronómetros n.os 83.988, 83.836, 83.834 y 83.835 obtuvieron, respectivamente, la 1.ª, 8.ª, 14.ª y 30.ª posición, todos ellos ajustados por J. Vogel-Jacot, consolidando así la reputación de la firma como una de las más premiadas de su época.
El 30 de diciembre de 1912, la sociedad completó su razón social con la denominación: «La Palme», Perret Fils, Sucesores de Perret Fils.
El declive de una dinastía
Durante los últimos años del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, la familia Perret consolidó su legado mediante patentes, marcas registradas y premios internacionales, entre ellos la Medalla de Plata en la Exposición Universal de París de 1878, el Diploma de Honor en la Exposición Nacional Suiza de Zúrich de 1883, la Medalla de Plata en la Exposición Nacional Suiza de Ginebra de 1896, así como diversas distinciones obtenidas en el Gran Concurso Internacional de Bruselas de 1888 y en la Société d’Émulation Industrielle de La Chaux-de-Fonds.
Sin embargo, en 1941, la firma fue vendida a Gilbert y Fernand Zibach, y la manufactura fue trasladada a La Chaux-de-Fonds, donde continuó bajo la denominación Zibach & Cie.
Así, entre el sonido de los cronómetros premiados y el murmullo de los trenes, la saga de los Perret pasó a formar parte de la historia de Suiza, dejando un legado de precisión, innovación y pasión que perduró más allá del tiempo. Sus relojes, convertidos hoy en piezas de colección, permanecen como testigos silenciosos de una época en la que el nombre Perret era sinónimo de excelencia en la relojería mundial.
Nota adicional:
Conviene señalar la existencia de otros relojes de bolsillo de esta época, firmados «Perret & Co.» o «Perret & Cie» (Ginebra) —dos variantes que corresponden en realidad a una misma casa—, así como de piezas marcadas «Perret & Cie», Le Locle. Sin embargo, hasta la fecha, nuestras investigaciones no han permitido localizar ninguna fuente documental que acredite una relación directa entre estas empresas y la casa Perret Fils, Les Brenets. Estas entidades constituyen una fascinante historia paralela dentro de la saga de los Perret, y cabe esperar que futuras investigaciones en los archivos permitan esclarecer algún día su papel y su relación precisos.