Su Produccion Genre Espagne
El relojero español que marcó la historia.
José Rodríguez de Losada introdujo estos motivos de esfera en la década de 1840, mientras que la producción suiza de relojes de estilo «genre Espagne» no se generalizó hasta alrededor de 1870. La adopción de esta estética por parte de la relojería suiza parece responder a la gran estima que alcanzaba en el mercado hispanohablante el reducido número de piezas de producción artesanal firmadas por Losada, permitiendo así cubrir la demanda que no podía satisfacer la limitada producción del maestro leonés y abastecer de forma masiva dicho mercado. Las esferas de Losada se fijan a la platina mediante tres pies de posicionamiento, a diferencia de las esferas suizas, que emplean únicamente dos.
Introducción: El contexto de un innovador en el exilio
José Rodríguez de Losada, nacido el 19 de marzo de 1801 en Iruela (León, España) y fallecido el 6 de marzo de 1870 en Londres, fue un relojero, liberal y empresario español que, según sus propias palabras, «las turbulencias políticas de su patria le llevaron a buscar refugio en el extranjero». Su vida estuvo marcada, por tanto, por el exilio, la innovación técnica y una contribución decisiva a la relojería de precisión en España. Hijo de Miguel Rodríguez y María Conejero, su legado abarca desde los cronómetros de marina hasta el icónico reloj de la Puerta del Sol de Madrid, símbolo de la tradición española de las doce campanadas de medianoche en Año Nuevo, pasando por sus relojes de bolsillo, su principal producción.
Su trayectoria refleja la de un autodidacta brillante, capaz de pasar de la milicia a convertirse en uno de los relojeros más respetados de su tiempo, con distinciones como la Orden de Carlos III (1854) y el título de Relojero Cronometrista Honorario de la Armada española (1856). Su historia es también la de un exiliado político que, huyendo de la persecución absolutista de Fernando VII, encontró en Londres el entorno adecuado para desarrollar su talento mecánico y empresarial.
Carrera militar y primer contacto con la relojería
Aparece en Madrid, donde se alistó como oficial del ejército español durante el Trienio Liberal (1820–1823). Su participación en este periodo le valió la distinción de Caballero de la Orden de Carlos III mediante decreto real. Sin embargo, sus ideales liberales lo convirtieron en un perseguido durante la década del absolutismo fernandino, periodo en el que J. R. Losada parece haber participado en algunas revueltas o conspiraciones de carácter liberal. En 1828, huyó a Francia y, posteriormente, en 1830, a Londres, uno de los destinos preferidos por los exiliados liberales españoles, favorecido por la política británica de acogida y el apoyo del Comité de Ayuda a los Emigrados.
El reconocimiento histórico y el dominio técnico de José Rodríguez de Losada
Frente a las dudas infundadas sobre la verdadera capacidad de José Rodríguez de Losada y su condición de auténtico artífice de su obra, las fuentes originales de la época demuestran de forma inequívoca su condición de maestro relojero y constructor. Ya en 1859, publicaciones contemporáneas como El Clamor Público —que se hacía eco de crónicas procedentes de La Habana— señalaban que el prestigioso artesano leonés, establecido en el 231 de Regent Street, en Londres, diseñaba, fabricaba y montaba personalmente todo tipo de instrumentos de precisión, desde complejos cronómetros de bolsillo y de marina hasta mecanismos de sonería y relojes de torre. Estas mismas fuentes recordaban que, antes de exiliarse a causa de las turbulencias políticas de su patria, Losada ya había construido en España importantes obras relojeras, entre ellas el célebre péndulo de siete esferas fabricado en 1818 o 1819, que, después de más de tres décadas, continuaba funcionando con absoluta precisión sin haber necesitado reparación alguna.
El dominio técnico del maestro leonés quedó asimismo acreditado oficialmente a través de sus relaciones con las instituciones científicas del Estado español, como demuestra el contrato formalizado en Londres el 6 de mayo de 1865 con el Observatorio Astronómico de San Fernando. En virtud de este acuerdo institucional, y a petición de una Real Orden dictada en 1864, el propio Losada se comprometió a suministrar quince cronómetros de su mejor fabricación: diez con una autonomía de ocho días y cinco de dos días. Estos debían someterse durante un año y medio a rigurosas pruebas de marcha destinadas a garantizar su extrema precisión para el cálculo de las longitudes y la determinación del tiempo. Lejos de ser un simple intermediario, José Rodríguez de Losada consolidó en la capital británica una manufactura de prestigio internacional, respaldada por el rigor científico y por el reconocimiento de los tribunales de expertos.
La consolidación: empresario y cronometrista de la Armada. Instalación en Londres y tertulias intelectuales
En 1835, Losada se instaló definitivamente en el 105 de Regent Street, en Londres, bajo la marca J. R. Losada London. Su taller se convirtió en un centro de innovación y en un lugar de encuentro para la diáspora liberal española. En la trastienda del 105 de Regent Street, donde el empresario leonés desarrollaba su actividad, llegó a hacerse célebre una tertulia frecuentada por personalidades que iban desde Zorrilla hasta Ramón Cabrera o el general Prim, convirtiendo el establecimiento en un punto de encuentro para destacados exiliados españoles.
Zorrilla, que relató en Recuerdos del tiempo viejo la conspiración en la que estuvieron implicados su padre y el joven Rodríguez Losada, dedicó asimismo al relojero leonés el poema «Una repetición de Losada». El autor del reloj de la catedral de Málaga aparece también, nada menos, en los «Episodios Nacionales» de Benito Pérez Galdós. Fue en 1865 cuando regaló a la ciudad de Madrid el reloj de la Puerta del Sol, que marca las célebres campanadas de medianoche de Año Nuevo. Entre sus clientes se encontraba la élite más selecta de Europa, incluidos nobles y reyes. Sus piezas continúan siendo valoradas como auténticas joyas.
Contribuciones a la Armada española y cronómetros de precisión
Sus relaciones comerciales con su país de origen fueron muy numerosas, lo que permitió que sus distintos relojes alcanzaran una gran popularidad y recibiera encargos tanto de particulares como de entidades públicas y privadas. Sin embargo, su principal y más destacado cliente fue la Armada española, cuyo respaldo resultó fundamental para que este fabricante alcanzara la notoriedad que llegó a adquirir.
En este contexto entró en escena el Observatorio Real de San Fernando, institución militar encargada de la adquisición, custodia y verificación de los instrumentos científicos de la Armada. Así, el Observatorio y el relojero mantuvieron una colaboración continuada hasta el fallecimiento de este último, dejando un legado histórico, técnico y documental de gran importancia.
Reconocimiento oficial y contribuciones a la Armada española
Su reputación llegó a consolidarse hasta el punto de ser nombrado Relojero Cronometrista Honorario de la Armada española en 1856. Entre sus principales contribuciones y distinciones destacan:
- 1854: recibió la distinción de Caballero de la Orden de Carlos III.
- 1856: fue nombrado Relojero Cronometrista Honorario de la Armada y Relojero de Cámara de la reina Isabel II. Su nombre quedó asimismo ligado para siempre al reloj de la Puerta del Sol, símbolo de Madrid y de España.
- Cronómetros de marina: fueron esenciales para el cálculo de la longitud geográfica durante la navegación. En 1858, Losada entregó dos docenas de cronómetros a la Armada española, algunos de los cuales fueron cedidos al Real Instituto y Observatorio de la Armada, en San Fernando (Cádiz).
- Reloj de Jerez de la Frontera (1855): instaló en un farol de Jerez el que se considera el primer reloj público de España, firmado «J. R. Losada 105 Regent St. London». El reloj, provisto de cuatro esferas, presentó inicialmente problemas de precisión que finalmente fueron resueltos.
- 1862: recibió la medalla oficial del jurado de la Exposición Internacional de Londres, consolidando su reconocimiento internacional por la presentación de una producción que incluía cronómetros, relojes astronómicos y relojes de torre.
- Relojes de bolsillo saboneta de lujo: sus modelos alcanzaron reconocimiento internacional. Entre sus clientes se encontraba la reina Isabel II, y una de sus piezas fue entregada al almirante Méndez Núñez tras la batalla del Callao (1866). Actualmente se conserva en el Museo Naval de Madrid.
En 1864, tras un concurso público, el Gobierno español adquirió ochenta cronómetros: treinta y ocho de J. R. de Losada, veintinueve de Johannsen y trece de Dent.
El legado: el reloj de la Puerta del Sol. Contexto y donación
Durante una de sus visitas a España en la década de 1860, Losada comprobó el mal funcionamiento del reloj existente en el edificio de la Real Casa de Correos —actual sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid—, lo que suscitaba numerosas quejas entre los madrileños. Decidió entonces fabricar y donar al Ayuntamiento de Madrid un nuevo reloj. En 1866, el nuevo reloj fue instalado en la torre, donde continúa funcionando en la actualidad y marca las doce campanadas de medianoche de Año Nuevo para millones de españoles. Este modelo de alta precisión, diseñado para resistir las inclemencias del tiempo y mantener una marcha exacta, conserva, pese a las sucesivas restauraciones, aproximadamente el 98 % de sus piezas originales.
Características técnicas
Los relojes de bolsillo Losada son piezas de lujo y alta precisión, equipadas con sistema de cadena y caracol, balance compensador ajustado, un puente finamente cincelado y contrapivote de diamante o de una piedra de alta calidad. El número de serie y la firma del fabricante aparecen siempre grabados en la platina y, a partir del número 1400 aproximadamente, también figura en ella la dirección del establecimiento. Losada confirió a sus esferas de estilo isabelino y a sus cajas saboneta de tres tapas una identidad propia. Estos relojes presentan cajas de oro ricamente ornamentadas con motivos florales cincelados, una característica relativamente poco habitual entre los fabricantes ingleses. Se presentaban en estuches de cuero forrados de seda, a menudo acompañados de esferas de esmalte blanco, cristales y barriletes de repuesto.
Su producción puede clasificarse en tres categorías:
- Relojes sencillos con escape tangencial inglés o escape dúplex, alojados en cajas saboneta de plata u oro. Constituyen la parte más abundante de su producción.
- Relojes de calidad superior con escape de áncora de retén tipo Earnshaw, alojados en cajas saboneta de oro, algunos de ellos equipados con repetición de minutos o sonería.
- Cronómetros de marina de puentes, también denominados relojes de acompañamiento.
En su producción más tardía pueden encontrarse algunos relojes equipados con un sistema de remontaje mediante corona.
Su producción alcanzó aproximadamente 6.400 piezas, por lo que los movimientos con los números de serie más elevados se atribuyen al taller de su sobrino y heredero.
Vida personal y fallecimiento
Losada contrajo matrimonio con Ana Hamilton Sinclair en 1838. Aunque pasó 40 años en el exilio, regresó a España en tres ocasiones (1855, 1860 y 1868) con motivo de sus visitas y contactos con la Real Armada española. Durante su último viaje, otorgó testamento en Málaga el 3 de abril de 1868, que posteriormente fue revocado y modificado por el otorgado en Londres el 14 de enero de 1870. Falleció en Londres el 6 de marzo de 1870, dejando una fortuna que heredaron sus hermanas, un sobrino, su médico y sus sirvientes.
Epílogo: un legado que perdura
También fue maestro de aprendices, como demuestran sus sobrinos, así como José Díaz de Colombres, quien posteriormente se convirtió en relojero jefe del Observatorio de San Fernando (Cádiz), y David Glasgow, que años más tarde ocupó durante varios años el cargo de vicepresidente del British Horological Institute.
Asimismo, comenzó a colaborar con orfebres de reconocido prestigio, como Louis Comtesse —identificado con las iniciales LC—, con quien trabajó hasta aproximadamente 1851, y Alfred Stram —con las iniciales AS—, considerado uno de los principales orfebres ingleses de su época. Durante ocho años, hasta 1864, ambos formaron una estrecha colaboración en la producción de relojes.
Su Produccion Genre Espagne
Joseph Sewill (1814–1895): maestro cronometrista y su mercado español
Orígenes y consolidación del taller en Liverpool
Joseph Sewill (1814–1895) fue un relojero y fabricante británico de cronómetros de marina que alcanzó reconocimiento internacional por la calidad de sus instrumentos, dejando un legado duradero tanto en el Reino Unido como en España, donde su nombre quedó estrechamente vinculado al genre Espagne. Su actividad comercial comenzó en Liverpool, su ciudad natal, a principios de la década de 1830, asociado con Joseph Raphael en Canning Place, en la esquina de South Castle Street, una ubicación que mantendría durante toda su trayectoria profesional. En enero de 1836, inició una nueva etapa junto a Saul Davis como relojeros, ópticos y fabricantes de instrumentos náuticos, bajo la razón social «Sewill and Davis». Sin embargo, esta sociedad se disolvió en abril de 1838, momento en que Sewill asumió de forma independiente y definitiva el control de su empresa.
Con el tiempo, la firma llegó a contar con un establecimiento en Cornhill, en Londres, gestionado por John Sewill, el hijo mayor de Joseph, y posteriormente con otra sucursal en Glasgow, dirigida por su hermano menor, Frank. La casa Joseph Sewill de Liverpool fue uno de los fabricantes de relojes, cronómetros e instrumentos náuticos más reputados de la Liverpool del siglo XIX.
Ya en 1839, ejercía como cronometrista y fabricante de relojes, ofreciendo sus productos a comerciantes y armadores en condiciones competitivas. Hacia 1848, su empresa había alcanzado un grado de desarrollo suficiente como para requerir la incorporación de especialistas destinados a atender la expansión de la producción, demostrando así su capacidad para innovar y adaptarse en un sector tan exigente. En 1850, Sewill empleaba a más de 20 personas.
Campaña publicitaria y adaptación al mercado español
Su primera visita documentada a España se remonta a la década de 1850, pero fue entre 1859 y 1868 cuando desplegó en el país una campaña publicitaria sin precedentes, con más de 900 anuncios de gran formato en ciudades como Madrid, Barcelona, Santander o Murcia, superando ampliamente las breves notas habituales del sector. Mientras gestionaba esta estrategia comercial desde Liverpool, sus hijos participaban activamente en la inspección y fabricación de los relojes en los talleres, garantizando la calidad de cada pieza destinada al mercado peninsular. Reconocido inicialmente por sus cronómetros de bolsillo y de marina, Sewill fue proveedor de la Royal Navy y de la Armada española, pero su visión comercial fue mucho más allá del ámbito náutico. Para adaptarse al gusto español, sus relojes destinados a la exportación incorporaban cajas y guardapolvos ricamente grabados en plata u oro, ornamentados con motivos florales o escenas de género, esferas con tipografías y numeraciones específicas, así como movimientos robustos y de gran precisión.
Estrategia comercial: venta por correspondencia y red de depósitos
En 1859, introdujo un sistema pionero de venta por correspondencia: los clientes españoles podían encargar sus relojes por carta, enviando el importe mediante letra de cambio o billete del Banco Español de San Fernando, tras lo cual Sewill expedía el reloj desde Liverpool. Este método revolucionario facilitó su expansión en el mercado español. A partir de 1862, su estrategia comercial evolucionó con la creación de una sólida red de depósitos y representantes locales en las principales ciudades de la península. Esta implantación comenzó en Madrid, de la mano de Eugenio Couillaut, relojero establecido inicialmente en la calle de Carretas, y se extendió rápidamente a otras plazas clave, como Santander, con D. Ventura García de la Revilla; San Sebastián, con Gabino Murga; Bilbao, con Zugasti e hijo; Zaragoza, con Valero Hindenlang; Valencia, con Fortunato Almela y Pascual Marqués; o Barcelona, con Gindraux y Forns. El éxito de Joseph Sewill en España no puede entenderse sin estos canales de comercialización, a través de los cuales sus relojes —que generalmente llevaban tanto la firma del fabricante grabada en la platina como la mención del establecimiento distribuidor local en la esfera o en el guardapolvo interior— se convirtieron en sinónimo de distinción y precisión cronómetrica.
La gran gira comercial por España en 1868
Para atender las expectativas de la nobleza y de sus numerosos clientes en la península, Sewill emprendió una ambiciosa gira comercial por España entre septiembre y diciembre de 1868, anunciando públicamente su llegada a cada ciudad. Su itinerario comprendía etapas minuciosamente programadas en grandes capitales y enclaves comerciales como Bilbao, Santander, Oviedo, Valladolid, Madrid, Cartagena, Murcia, Córdoba, Málaga, Granada, Sevilla, Cádiz, Puerto Real, El Puerto de Santa María, Jerez, Alicante, Valencia, Tarragona, Reus, Barcelona, Zaragoza y Pamplona, donde realizaba sus exposiciones y demostraciones en hoteles y fondas de prestigio, como el Hôtel des Princes o la Fonda de las Cuatro Naciones. Durante este viaje, además de exhibir su amplio surtido de relojes ingleses, ofrecía servicios directos de reparación, operaciones de cambio y gestiones destinadas a establecer agencias locales.
Estas giras constituían una forma audaz de exportar y trasladar los exclusivos salones de exposición de sus instalaciones del 61 de South Castle Street, en Liverpool, hasta el último rincón de España. Al margen de la exposición pública en la calle, el cliente peninsular —ya fuera un alto dignatario, un marino o una institución— podía experimentar directamente el ambiente y el rigor técnico de sus establecimientos británicos, en un entorno de intimidad y seguridad que acercaba los estándares más avanzados de la cronometía europea.
Prestigio internacional, concursos en Greenwich y reconocimientos
Su prestigio internacional quedó reflejado en encargos de gran relevancia institucional, como un reloj de bolsillo fabricado para el virrey de Egipto, condecorado en España con la Cruz de Carlos III, o el suministro de cronómetros para los buques de la Armada española y para la navegación civil, como el vapor Ciudad de Cádiz, cuya navegación confiaba en sus instrumentos. A lo largo de las décadas de 1870, 1880 y 1890, la casa Sewill, con establecimientos en Liverpool y Londres, mantuvo una presencia constante y destacada en las rigurosas pruebas de cronómetros del Royal Observatory de Greenwich. La firma participó regularmente con cronómetros de marina dotados de avanzados sistemas de compensación térmica y mecanismos auxiliares, compitiendo directamente con algunos de los mejores talleres de la época, como Kullberg, Mercer o James Poole. Los resultados reflejaron un elevado nivel de rendimiento técnico, con clasificaciones recurrentes entre los primeros puestos y la obtención de menciones honoríficas en las listas de méritos publicadas por las principales revistas relojeras europeas. Este prestigio quedó refrendado por las prize medals obtenidas en la Exposición Internacional de Londres de 1862, la Exposición de París de 1867 y la de Filadelfia de 1878. Sewill inventó y patentó su propio sistema de balance de compensación auxiliar, que incorporó a los cronómetros presentados en el Observatorio de Greenwich.
Órdenes reales, fallecimiento y legado histórico
La reputación de Joseph Sewill quedó consolidada gracias a estas distinciones y al favor de importantes casas reales y marinas, tanto británicas como españolas. Su excelencia técnica le valió el patrocinio directo de la realeza europea, incluido un encargo especial de Su Majestad la Reina de España, quien le concedió la Cruz de la Real y Distinguida Orden de Carlos III por su contribución a la relojería. Su vínculo con España se manifestó asimismo en la adquisición de dos de sus cronómetros de marina por la Armada española. Joseph Sewill falleció el 9 de agosto de 1895, a los 81 años, en Queen’s Gardens, Londres, dejando un legado perdurable. Su vida estuvo marcada por su dedicación a la relojería y por su compromiso con la comunidad judía de la capital británica, donde fue presidente de la Liverpool Hebrew Philanthropic Society, miembro activo de la sinagoga de Bayswater desde su inauguración, miembro de su consejo de administración y representante en el consejo de la United Synagogue, además de colaborar en comités benéficos y fideicomisos hasta su entierro en el cementerio de Willesden.
Dos siglos después del inicio de su trayectoria, los cronómetros de marina y los relojes de bolsillo de precisión de Sewill continúan siendo objeto de colección y estudio como destacadas muestras de la relojería británica de la época victoriana, mientras que su nombre perdura como una referencia imprescindible para el estudio del genre Espagne y de la relojería de precisión del siglo XIX.
Nota complementaria: la conexión historiográfica con Losada
Nota. En Chronometer Makers of the World: With Extensive List of Makers and Craftsmen (N.A.G. Press, 2004), Tony Mercer menciona que Miguel del Riego y Rodríguez de Losada era tío de Joseph Sewill, una afirmación que ha sido cuestionada debido al anacronismo que implicaría. Sin embargo, esta conexión familiar podría resultar verosímil si la referencia correspondiera a Joseph Sefton Sewill (1868–1924), nieto de Joseph Sewill (1814–1895). Dado el paralelismo comercial entre Losada y Sewill, esta línea de investigación constituye una interesante vía dentro de la intrahistoria de la relojería, y cabe esperar que futuras investigaciones aporten nuevos datos sobre esta posible relación.